Trabajo como lingüista en Procesamiento de Lenguaje Natural (PLN), el campo que se encarga (o intenta) de extraer información y significado de manera automática a partir de textos. El PLN no es un área excesivamente conocida fuera del gremio, así que me ha llevado algo de tiempo explicar a la gente de mi entorno a qué me dedico exactamente y en qué consiste mi trabajo diario, más allá del “algo que tiene que ver con palabras”. Ha sido particularmente peliagudo conseguir que mi padre entendiera por qué este campo es apasionante y útil.

Sin embargo, cuando el hombre ya iba familiarizándose con el PLN, Apicultur llegó a nuestras vidas y yo empecé a hablar constantemente APIs. Explicarle a mi señor padre qué eran las dichosas APIs y por qué resultan tan interesantes suponía un desafío bastante más ambicioso que contarle cómo se hace un diccionario. Y como la conversación surgió durante una cena de tapeo, me inspiré en la situación para explicar metafóricamente cómo funciona una API. He aquí mi explicación sobre APIs. Es una explicación muy de andar por casa, pelín folklórica y nada ortodoxa, pero quizá a alguien le resulte útil si se ve en un brete semejante.

Pongamos que tengo una empresa que trabaja con algún tipo de información. En el caso de Molino de Ideas, esa información serían palabras y todos los recursos lingüísticos de los que el Molino dispone. Metafóricamente, el Molino y sus recursos serían la cocina del bar. Hay gente que está interesada en esos recursos (en el caso del Molino, podrían ser editoriales, motores de búsqueda o desarrolladores en general que requieran algún tipo de procesamiento lingüístico para sus programas), estas personas en nuestra metáfora serían los clientes que quieren pedir alguno de los platos que se preparan en la cocina. Es decir, tengo una cocina en la que se prepara una comida estupenda y tengo clientes en las mesas que están deseando probar esa comida. Necesito algún mecanismo que establezca una comunicación práctica y efectiva entre los clientes en las mesas y la cocina: necesito un camarero. Un camarero es fundamental para que los clientes puedan pedir, la cocina pueda preparar las comandas y los platos se sirvan en las mesas. Cocinero feliz, clientes felices. En mi torpe metáfora, el camarero sería una API. Una API es un buen sistema para que las empresas (o cualquier otra cosa) puedan ofrecer su información y su conocimiento a terceros eficazmente. Los cocineros pueden estar tranquilos: ofrecer una API no significa revelar toda tu información interna, de la misma manera que tener un camarero en el bar no significa publicar a bombo y platillo las recetas de tus platos. Por lo tanto, tu preciada receta sobre cómo hacer la mejor tortilla del mundo (¿con o sin cebolla? ¿cuajada o con el huevo líquido?) seguirá siendo un secreto y no caerá en manos profanas. En cambio, lo que sí conseguirás es que más gente disfrute de tus estupendas tortillas.

Fundamentalmente, así es como funcionan las APIs de Apicultur. Las APIs dan acceso a los motores lingüísticos del Molino, sin exponer los propios motores y permitiendo que terceras partes (como GoodRae, por poner un ejemplo) puedan sacarles partido sin tener que preocuparse del procesamiento lingüístico.

 

 

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